Chiang Rai

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Después de unos días en Chiang Mai con el cursito de plata, con un cursito de masajes que hicimos y disfrutando la ciudad, nos dimos cuenta de que en Chiang Mai hay un consulado de China y que debíamos aprovechar para ir a pedir la visa, ya que vamos a ir a China a ver al hermano de Alberto y además, van a venir sus padres, así que pasaremos la semana santa en familia.

Fuimos al consulado de China sin nada, tan contentos, cuando vimos que teníamos que rellenar las fechas exactas y los alojamientos, allí en la mesa Alberto y yo empezamos a inventarnos un itinerario de 40 días y buscamos los nombres de algunos albergues y tal.

Cuando llegamos con nuestro formulario la chica nos dice que con el visado de turista eran máximo 30 días, y nosotros: “aaah, pues 30” y con un boli lo cambiamos. La chica un poco alucinada nos dice: “necesitamos vuestras reservas y vuestro billete de avión de entrada y de salida”, así que Alberto y yo nos miramos y dijimos, pues vamos a comprar billetes y reservar y volvemos.

Al salir del consulado, vimos una imprenta, y como ponía fuera que imprimían, pues entramos y les preguntamos, nos dicen que qué queríamos imprimir y les decimos que necesitamos un ordenador, el tema es que al final sin ni mirarlos estuvimos más de una hora en el ordenador buscando vuelos y reservando hoteles (que se pudiesen cancelar sin problemas) y ya por fin imprimimos 4 cosas, qué vergüenza, en fin.

Volvimos al consulado y la misma chica que se acordaba de nosotros porque nos recordó que pusiéramos que queríamos doble entrada porque queríamos visitar Hong Kong, se hizo la loca y nos cogió las cosas. Así que el lunes solo tuvimos que ir a recoger nuestro visado!!!!!

(A Vietnam vamos antes y tenemos que hacerlo, pero Alberto dice que será más fácil, a ver…)

La cosas es que mientras esperábamos nuestras visas y con las clases de Alberto y tal podíamos ir el fin de semana a pasarlo a Chiang Rai, en realidad íbamos el sábado y volvíamos el domingo, por tema clases.

En la ciudad habíamos visto un montón de anuncios de minifurgonetas de 12-15 personas que te llevaban a Chiang Rai por 300 Bath, y aunque sabíamos que el oficial era más barato (creíamos que unos 200 y pico) como la estación de autobuses está super lejos del centro y los otros te vienen a buscar, decidimos coger una de las furgonetas, esperando que no parase a hacernos perder mucho tiempo (preguntamos y nos dijo que no paraba) y sabiendo que los transportes locales también son bastante lentos.

Nos subimos en la furgo y después de un par de horas paró a comer, a ver, sorpresa porque nos habían dicho que no, pero el sitio era mono, bien de precio… no pasaba nada. Entonces al cabo de otra hora volvió a parar y cuando íbamos a gruñir, nos dice “White temple” y miramos para atrás y ahí estaba… El templo blanco, para nosotros lo más famoso de Chiang Rai, que resulta que no está en el centro, así que pensamos que nos hacían un favor, como debía pillar de camino, nos paran media hora y luego en un rato nos dejan en la estación y ya paseamos nosotros por el centro de la ciudad y tal, perfecto.

El templo es espectacular, no sé si por lo blanco, por lo raro, por lo surrealista, por lo bonito, pero te deja sin palabras, es como si fuese de hielo, y en realidad es un juego de estucado normal blanco con mosaico de espejitos.

El diseñador (si queréis más info wikipedia, jeje) debe de ser un friki total, porque aunque es un templo religioso budista-hinduísta serio, la sensación es que no podría existir una iglesia así, porque mucha gente se lo tomaría como una falta de respeto por la falta de “seriedad”, así que no sabes si estás en un sitio de guiris y ya o un sitio que es usado como templo de verdad, y son las dos cosas.

Cuando íbamos a subir las escaleras una mujer se estaba haciendo una foto con una estatua tocándola y un hombre con un megáfono (pero en ese lugar surrealista parece una voz celestial) decía “DON’T TOUCH, DON’T TOUCH” y como la mujer no se entera, el tai de golpe dice “NO TOCAR”, qué risas, y luego nos llamaron la atención a nosotros, que paramos a hacer la foto y se amontonaron 4 o 5 personas a esperar y el del megáfono: “KEEP WALKING, KEEP WALKING”, jajaja.

Lo surrealista del sitio es que está lleno de cosas extrañas, como cabezas colgadas de un árbol, manos que salen del suelo, enanos burlones… es como un templo dedicado al mal y ya cuando entramos dentro y vimos como estaba decorado alucinamos, como con cómics y dibujos animados, desde un angry bird, a superman, doraemon, las torres gemelas atacadas… Si alguien lo entiende que me lo explique.

Os dejo con unas fotitos del sitio y más abajo os explico como continuó nuestro viaje, jeje.
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Por favor, esta foto miradla bien, es un trozo de pared dentro, la hice de estrangis porque no se podía, pero no me pude contener.

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Bueno, os he dejado que nos habían dejado media hora para ver el templo y otra vez al autobús, nosotros creyendo que estábamos cerquita y a los 20 minutos comentábamos, pues que bien que nos hayan dejado en el templo porque está lejillos, qué suerte…
Hasta que llegamos a un cruce y ponía “Chiang Rai” a la derecha y nosotros fuimos para la izquierda, así que empezamos a sospechar y dijimos a los de al lado, “¿vosotros dónde vais? porque ponía que Chiang Rai es para el otro lado” y los chicos, nosotros vamos a Chiang Kong, “QUÉÉÉÉÉ????????”. Así que preguntamos en voz alta si alguien iba a Chiang Rai y nooooo, todo el mundo iba a Chiang Kong, desde nuestro sitio hablando a grito pelado con el conductor nos dice que vamos a llevar a todos a Chiang Kong y luego a la vuelta nos deja a nosotros en Chiang Rai, que no nos preocupemos….
Pero claro estábamos desde allí a una hora Chiang Kong y luego hora y media para volver a Chiang Rai, en fin, y solo teníamos ese día porque al día siguiente por la mañana teníamos que volver, en fin mil hora en el bus y al menos a la vuelta les pedimos que nos dejasen cerca del hotel y aunque al principio no querían nos acercaron bastante. Vueltecita por la zona, cenita, night market y a dormir y al día siguiente en el autobús oficial (porque la estación afortunadamente estaba al ladito de nuestro hotel, y en nuestro paseíllo fue al primer sitio que fuimos).
Bueno, mini aventura porque Chiang Kong estaba en la frontera con Laos, y la furgoneta era de los timos total, porque a los pobres que iban a Laos los soltaron en un cutrehotel con una cutre barra en la que había un cartel con boli que ponía “Visado para Laos”, y luego a la vuelta además del conductor llevaba a dos “amigos” que se había encontrado por el camino, en fin…
Pero todo acabó bien y al día siguiente viaje en bus oficial sin altercados, jeje.

Siguiente parada Khao Yai, parque natural a 2-3 horas de Bangkok, la jungla total, patrimonio de la Unesco… para ir abriendo boca y que esperéis el post con ilusión, será prontitísimo.

Besitos si habéis llegado hasta aquí, que hoy el post era largo, jeje


Relaxing cup of café con leche!!

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Bueno, si echabais de menos los posts, es que estos días han sido relaxing en Chiang Mai, y al no movernos, pues no tenía mucho que contar, pero al final, este post viene cargadito de cosas. Después de los días de retiro en “Villarejo” volvimos a la ciudad que hoy me atrevo a decir que es mi favorita de Tailandia. Al volver a Chiang Mai, fuimos a un templo que hay en las afueras de la ciudad en la montaña, es como el Tibidabo de Chiang Mai o Montserrat, se llama Doi Suthep, se hizo allí porque es donde fue a morir el elefante blanco. Es zona de peregrinación budista, y es muy chulo. En el templo había además rincones kitsch espectaculares, mi favorito uno con una especie de gnomos de jardín pero que eran pequeños monjes. Volvimos a ver los diferentes ritos budistas y la presencia omnipresente del dinero, y esta vez además dejamos nuestra pequeña huella, firmando en la tela con la que luego recubren la pagoda. Se supone que las vistas son espectaculares, el día que subimos nosotros había bastante bastante niebla, pero nos dimos cuenta de que Chiang Mai es mucho más grande de lo que creíamos.

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Luego quería hacer un curso de orfebrería. Hace años, cuando vivía en Edimburgo, hice un curso de plata y me encantó, así que tenía ganitas de repetir, y hacer un intensivo aquí en una joyería espectacular que se llama Nova. El curso de una semana era práctico total, desde el día uno, ir haciendo joyitas de plata y a través de las diferentes creaciones, ir aprendiendo técnicas y posibilidades. Lo primerísimo que hice fue una pulsera muy especial para Alberto, quería que tuviese algo que ver con el mundo, con el viaje, y al final diseñé esta pulsera, y le escribí “Ninos viaje” detrás.

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Como yo soy envidiosa, también quería una mini pulserita de “Ninos viaje” para mía, así que en un nada de tiempo me hice la mía, más simple, pero me encanta.

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Luego me hice un collar y ya puestos unos mini pendientitos a juego.

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Y también me enseñaron a engarzar piedras, yo no soy muy de las piedras, pero tenía que aprender, e hice un anillo sencillo, pero que me encanta.

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Lo mejor de todo es que Alberto también hizo el curso conmigo un día, y con él hicimos “LAS ALIANZAS” porque hemos decidido casarnos!!! Será de aquí a un montón de tiempo, porque queremos que haga bueno y esta primavera-verano como que no nos va bien. Así que no hay muchos datos, pero primavera-verano 2015 y en Salamanca seguramente.

Alberto me hizo a mí mi anillo y yo hice el suyo. Con el profesor paciente que era un personaje total, porque todos los otros días, que estaba yo sola en el curso, el hombre me ayudaba en todo, pero parco en palabras, cero expresivo, era zen total, tal cual entrabas al taller se paraba el tiempo, él con su youtube viendo cosas raras y yo concentrada en mis creaciones. Nunca un gesto de me gusta o qué bonito, o al contrario, nunca nada de expresividad, para los que han visto alguna vez la serie de Nikita, el profesor era Michael total (Caro, sabes de lo que hablo, jeje).

Os dejo el tutorial (que echo de menos mi etapa del blog anterior) de nuestras alianzas.

El profesor cortó con una guillotina la placa de plata y entonces Alberto y yo la fuimos haciendo más delgada hasta que fuera de 1,2 mm (grosor que habíamos elegido). Entonces serramos el ancho del anillo, el de Alberto de 6 mm y el mío de 4.

Y descubrimos que el efecto que queríamos se hacía simplemente a golpe de martillo, así que nos pusimos a martillazos y luego a escribir las letras, con los clavos con la letra y más martillazos.

Luego soldamos la pieza cortada ya a nuestra medida y le dimos forma con un cono de hierro y más martillazos, jeje.

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Para acabar lijando y puliendo los anillos y que quedasen así de bonitos, bueno, a mí me encantan.

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Luego además hicimos un colgante a juego con nuestros anillos a nuestras mamis, esperamos que les guste.

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Hoy os dejo con la noticia y mañana os cuento la locura de viaje a Chiang Rai.

¡¡¡Cuántas aventuras!!!

 


Después de la tormenta…

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Estamos en el Villarejo de la Peñuela tailandés, perdidos en pueblito a media hora de Chiang Mai.

Bueno, ahora ya estoy al día total, jeje, solo me falta contar como se fueron los últimos amigos, volvimos a Bangkok desde Phnom Penh, sin problemas, esta vez en avión, llegamos a la casa donde nos habíamos quedado Alberto y yo (la de los años 40, jeje) y fuimos a cenar a un sitio modernillo guay de al lado.

Entonces descubrimos que al día siguiente, el lunes 13, era el Bangkok shut down, super famososo aquí. El tema es que los manifestantes planeaban bloquear todo el tráfico de la ciudad. Un par de días antes había habido tiros en la zona de Khaosan y se estaba calentando el ambiente. Así que la dueña del bar nos dijo que sería muy complicado llegar al aeropuerto al día siguiente.

Al llegar a casa, Alberto y yo nos pusimos a investigar, y miramos las webs de las embajadas, la española advertía de las dificultades para el tráfico y tener en cuenta si se tenía que ir al aeropuerto, también daba teléfonos de contacto por si había alguna emergencia y aconsejaba no acercarse a las zonas donde estaban los manifestantes (y cosas varías), otras embajadas como la de Estados Unidos recomendaban a sus ciudadanos irse, no venir y a los que residentes, almacenar víveres para dos semanas.

Así que estaba claro que no podían marcharse sin una última aventura (los otros tuvieron las motos, estos el shut down). En ese momento Mar quería irse ya directamente a dormir al aeropuerto, los otros la frenaron. Al día siguiente, todos estaban más relajados, fuimos a hacer unas últimas compritas por Khaosan, que estaba sorprendentemente vacío (no parecía ni la misma calle), entonces, vimos a otros guiris que se iban para el aeropuerto, no eran ni las 12 de la mañana y su vuelo era la 1.40, pero se iban por si las moscas, pero entonces Mar y Eli estaban muy relajadas, jeje. David y Alberto incluso se habían ido a dar un masaje. Yo reconozco que me estaba poniendo muy nerviosa, pero no les iba a obligar que se fuesen al aeropuerto.

Entonces cuando fuimos a buscar a los chicos a la salida del masaje, se nos acercó un chico, Toni, de Premià de Mar y nos dijo que nos fuésemos, él llevaba dos años viviendo en Tailandia y estaba alucinando con lo que había pasado de los tiros, además venía de una muy mala experiencia, estaba muy negativo. Pero motivó a que nos espavilásemos, así que a las dos y pico, nos despedimos y los dejamos en un taxi para el aeropuerto…

Pues bien, a los 40 minutos nos dijeron que habían llegado, mejor que ninguna otra vez, solo habían encontrado una calle cortada, y muy poco tráfico. Así que los pobres estuvieron hoooooras en el aeropuerto.

Alberto y yo queríamos irnos de Bangkok, un poco por el shut down, un poco porque ya habíamos tenido suficiente Bangkok y nos apetecía otra cosa. Así que empezamos a valorar si bajar a las playas del sur o subir para Chiang Mai otra vez (que nos encantó y donde queríamos hacer algún curso). Al final buscando vuelos y hoteles, decidimos Chiang Mai y cogimos un avión por 16 euros para el día siguiente y un hotelito con piscina cuco en las afueras para descansar después de tres semanas de visita ajetreadísimas.

Llegamos al aeropuerto y nos vino a buscar el propietario del hotelillo, un francés simpático casado con una tailandesa y muy muy hablador (además no se daba cuenta de que el francés de Alberto y mío es bastante limitado). Nosotros creíamos ir a un sitio un poco en las afueras, pero veíamos que el trayecto en coche era largo, al final nos trajo al lugar, el Lanna Saithong Resort, una casa tradicional Lanna (típica de esta zona), de lujo total, y con un jardín y una piscina maravillosos. Así que decidimos tomarnos los días que íbamos a estar aquí como de relax total, y cuando vimos que además daban cenas, y el desayuno estaba incluido, pues ya no nos preocupamos de estar tan aislados, de hambre no moriríamos, jeje.

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Después de tres semanas de turismo sin parar, el salto a Camboya, la locura de despedida y nuestro viaje a Chiang Mai, también con mil horas de antelaciones y tal, también nos merecíamos un descanso.

Así que han sido días de relax total, super reponedor. Nos hemos dedicado a los placeres de la vida. Todas las mañanas un desayunito rico:

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Luego un poquito de piscina:

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Cuidados de la mente y el cuerpo:

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Bicis: (yo cogí la rosita con cesta, y mirad cómo se llamaba!!!)

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Además este es el país de Alberto, porque hay wifi en toooodas partes.

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Y a esperar a la cena con ilusión, porque han sido unas cenas excepcionales.

Cada día nos han puesto cosas diferentes, todas sin pedirlas, con entrantes, plato principal, postre, un menú exquisito y variado que nos ha hecho acercarnos más a la gastronomía y hemos descubierto mil cosas nuevas, entre otras, la fruta de la pasión o maracuyá, que ninguno de los dos habíamos comido antes, pero era raro porque el saber era muy muy familiar, de hecho nos gustó tanto y lo debimos remarcar tanto que nos han comprado una cesta para nosotros, ñam ñam.

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Alberto, que los que lo conocen más saben que es gran amante de los animales (ironía total) además hace amigos en la cena, y allá donde va, os dejo la foto de la prueba (que pena que no hiciese vídeo para oír el: “quitameló”).

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No os cuento más sobre las cenitas aquí porque creo que Alberto va a preparar un post en su blog.

Bueno, mañana nos vamos a Chiang Mai ciudad, con ganas del Sunday market, aunque he visto que el del Saturday también mola. Y el lunes empiezo un curso de orfebrería, ya os contaré…


Phnom Penh

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Lo primero, Eli me recordó que no había dicho nada sobre nuestro hotel en Siem Reap, y eso que era un capricho total, lujo asiático, jeje (Alberto lo había encontrado con un super descuento y creo que pagamos unos 20 dólares por habitación y noche). Estaba un poco perdido, pero dicen que en tuc tuc por dos dólares te llevan, y el propio hotel te pone un tuc tuc al día para acercarte al centro. A mí Siem Reap no me llamó mucho la atención, para ser honestos, le vi poco encanto, así que tener el hotel un poco apartado y a cambio el relax absoluto, después de la visita a los templos, se agradecía mucho. Yo lo super recomiendo, bonito jardín, con piscinita chula, desayuno muy reponedor y cenitas buenas. Se llama Areca Angkor Boutique Villa, tiene poquitas habitaciones, son super detallistas, es precioso y desde allí creo que también conseguían un conductor para el día en los templos bastante bien de precio, nosotros como ya teníamos no hicimos mucho caso, y ellos lo dijeron por encima, no es que te intenten vender nada.

Desde Siem Reap cogimos un minibus a Phnom Penh, tardamos unas 6 horas, viaje sin aventuras reseñables, paraba en la oficina de la compañía, que está en el río y a unos 10 minutos del albergue en el que nos quedamos, el Velkommen Backpackers (vaya cambio eh, de hotel de lujo a albergue, jeje) que estaba en buena zona y bastante decente, estuvimos muy cómodos allí también, en una habitación grande los cinco, y es muy barato, así que para más.

Esa tarde dimos un paseo por la ciudad, por el riverside, que tienen las banderas de todos los países y poco más. Bueno, también fuimos a tomar algo a una de las terrazas de un hotel del riverside y en la recepción tenían un jamón ibérico, pero no lo probamos, snif snif.

Al día siguiente cuando nos levantamos, nos fuimos a ver el museo nacional, la verdad que muy mono, tenía muchas esculturas de época pre-angkoriana, angkoriana y post-angkoriana, jeje.

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Luego fuimos al museo del genocidio, era una antigua escuela que se convirtió en un campo de concentración de los khemeres rojos. Eli ya había estado en Auswitch en Polonia como yo, y prefirió directamente no entrar, yo entré pero duré poco, la verdad que son sitios que te revuelven el alma. Solo tomé una foto, porque me parece bastante morboso, pero bueno, que es de un cartel con las reglas que tenían en el campo, el resto (condiciones infrahumanas, torturas… os las podéis imaginar…)

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También hicimos una visita rápida a Wath Phnom.

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Y luego fuimos al Palacio Real, entre problemas de vestimenta y ganas, al final solo entramos Mar y yo, la verdad es que por dentro estaba mayoritariamente cerrado, pero es muy bonito, se nota la diferencia de presupuesto comparado con el palacio real de Tailandia, pero es también bastante suntuoso.

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Y luego por la noche fuimos a cenar con Jose, un amigo de Alberto que vive en Phnom Penh, con su mujer, hijos y otros dos amigos españoles. Nos llevaron a un sitio muy bueno en el que se comía carne buenísima, en filetillos, no super troceada, que aquí es rarísimo. Espero que eso le quitase el ansia de “carnaca” que tenía Alberto. Y luego fuimos a tomar algo con ellos también.

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Como en general Phnom Penh estaba teniendo poca aventura, jeje, cogimos un tuc tuc de vuelta al albergue cuando nos despedimos, y el pobre hombre que no tenía ni idea se perdió. Hay que tener en cuenta que nosotros le pedimos que nos llevase al Palacio Real, porque ya se veía que no se enteraba, pero él se puso en marcha y de golpe llegamos como a un almacén y mira para atrás, en plan: ¿aquí?, yo le dije que continuase, al final, paró a preguntar a alguien que parecía que nos había entendido con lo de Royal Palace, y el del tuc tuc nos llevó al “Royal Palace Hotel”, super lejos del nuestro, en fin… Al final en ese hotel le consiguieron explicar al hombre donde íbamos y nos llevó. Inmortalicé un momento del tuc tuc, las caras de estos lo dicen todo, jeje.

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Aaaah, y por último, en la post office tenían un mapa del mundo, y yo que soy una inculta total me quedé alucinada, yo pensaba que el mapamundi era igual para todos, pero no, en Asia obviamente se ponen ellos en el centro, igual que nosotros ponemos a Europa en el centro, tiene sentido, no?

El nuevo mapa me encanta, yo quiero uno para casa, para no sentirnos tan el centro del mundo, y porque nunca hubiera pensado que Rusia era taaaaan grande, no sé si se aprecia bien en la foto.

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Hasta prontitísimo,

Muuua


Ya en Camboya!!!

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Cuando se fueron los de Cuenca (bueno, todavía nos quedaba Eli, menos mal), seguimos nuestro viaje, esa noche descansamos e hicimos algunas compritas y al día siguiente temprano nos fuimos para la estación de autobuses Mo Chit de Bangkok a coger el autobús oficial que iba hasta Siem Reap, donde están los templos de Angkor.

Alberto había leído cosas horribles sobre cruzar la frontera con Camboya, un montón de timos, como que te gestionaban la visa otros cobrándote recargo, que te llevaban a bares o restaurantes para que consumieras, que fingían averías para que se hiciera tarde y te tuvieras que quedar a dormir en guesthouses que ellos querían, o que te dejaban fuera de la ciudad para que tuvieras que coger un tuc tuc de los que casualmente te estaban esperando y te llevaban a donde ellos querían. Así que nosotros cogimos el oficial, pese a que valía 600bath y en Khaosan road la empresas tenían billetes por la mitad de precio (pero se suponía que era lo de los timos).

Alberto también decía que debíamos hacer la visa online, que la pagabas por tarjeta y te llegaba al e-mail en pocos días, pero como íbamos justos de tiempo y veíamos que a Mar que la había hecho en España no le llegaba… Al final decidimos hacerla directamente allí.

Nuestro autobús salía a las 10h, tardaba unas cuatro horas hasta la frontera con Camboya en Aranyaprathet, luego tenías una hora para cruzar la frontera y después salía el autobús “oficial” a Siem Reap. En el autobús oficial lo primero que nos dieron era un papel que decía que lo mejor era que la visa nos la hicieran los de una compañía que tenían ellos allí, así que aunque íbamos a pagar 2 o 3 euros más, nos parecía poco timo, así que lo hicimos con ellos. Luego nos pusimos en una pequeña cola para cruzar la frontera de Tailandia, a Alberto le pusieron una multa porque tenía caducada la visa dos días, en fin, sabíamos que podía pasar y aun así era más rentable que renovarla. Después caminamos unos 200 metros hasta la frontera de entrada de Camboya. Como todas las fronteras tiene algo de absurdo, ese trocito de tierra de nadie en el que se levantan casinos y se mueve gente diariamente, la sensación desde fuera es que son todo trapicheos.

Para la ventanilla de entrar a Camboya había mucha cola, en realidad no parecía tanta, pero estuvimos más de una hora, porque también podías pasar por el lado “VIP”, es decir, sobornando, y mucha gente lo hacía, con lo cual la cola normal, todavía avanzaba menos. El mismo de la agencia que nos había hecho el visado, nos ofreció por 200 bath (no llega a 5 euros), pasar sin esperar, pero le dijimos que no. Si todo el mundo está dispuesto a sobornar a agencias o polis, se encargarán de que funcione especialmente mal y lento (yo creo que esto ya pasa) para que todo el mundo esté dispuesto a pagar por no tener que esperar. Luego además, Mar vio como echaban para atrás a alguno de los que había pagado, así que encima no te garantizaba el éxito seguro.

Cuando por fin nos tocó, pasamos y Mar se quedó la última, iba pasando el tiempo y no llegaba, así que Alberto volvió para atrás a ver qué estaba pasando. El problema era que Mar había puesto mal el número de pasaporte en su visa online, y el funcionario no se lo quería corregir, pero bueno, al final, con un poco de insistencia, se lo corrigió.

Así que nos montaron en el autobús que nos debía llevar hasta Siem Reap, ya no íbamos los mismos pasajeros que en el primero, porque de aquel autobús “oficial”, algunos habían pagado y pasado por delante en la cola (no sé cómo acabaron estos, me imagino que similar a nosotros). El autobús en principio iba bien, pero ya estábamos temiéndonos que no era oficial y que no nos hiciesen muchos líos. Lo único que cuando se suponía que faltaba una hora, el conductor nos paró a que consumiésemos en un bar perdido (lleeeeno de mosquitos), nosotros que todavía no teníamos casi dólares, poco consumimos, pero tuvimos que esperar los 45 minutos, claro.

Luego en la carretera, vimos un macrofestival, en mitad de la nada, aparentemente ningún núcleo urbano cerca y había más de 100.000 personas, con una feria, música, puestecillos de comida, y la carretera evidentemente bloqueadísima por muchísimas personas de pie y en moto, en fin, que estábamos parados parados. Al final, vinieron unos militares y nos hicieron paso poco a poco, surrealista. Al día siguiente descubrimos que el 7 de enero es como una súper fiesta en Camboya, ya que celebran el día de la caída de los khemeres rojos.

Vimos un autobús parado en la carretera por una avería, me da a mí que una falsa avería, claro. Y nosotros como vimos que el nuestro seguía pues más contentos… Al final entramos en civilización, ya se veía Siem Reap por todos los lados y yo ya creía que ya estaba, pero no, justo al entrar, se metió por un camino de tierra para dejarnos en una estación pirata donde había un montón de tuc tucs esperándonos.

Cuando íbamos a entrar en el trapo de los tuc tucs, una pareja de alemanes nos dijeron de ir a la carretera principal, que estaba muy cerca, y en vez de coger un tuc tuc chanchullero que nos llevase donde quisiese, asegurarnos de que nos llevasen a nuestro hotel. Así que salimos los 7 a la carretera y vimos un hotel, entramos y le dijimos a los de recepción si podían llamarnos un taxi, a los alemanes los venían a buscar directamente desde su alojamiento. Al final después de bastante espera y conseguir ponernos en contacto con nuestro hotel, nos consiguieron un taxi y nos llevó, parece ser que el taxista también era un poco chanchullero y nos cobró de más, y también que no le parecían bien unos billetes que luego eran de curso legal… en fin, gajes del oficio, jeje, pero nos llevó sanos y salvos, happy ending de nuevo.

Una compañera de un cursillo me había recomendado un guía que hablaba español para los templos de Angkor, pero Alberto le escribió y estaba ocupado esos días, al final Alberto encontró otro guía, en  esta web, y nos acompañó una guía encantadora llamada Son Pal, de 32 años, que se casaba en un mes, super divertida, muy bien informada, educada… A la pobre la volvimos loca, que si llevanos a un cajero, que si la óptica (Alberto tuvo un pequeño percance con las gafas, jeje), que si a la oficina de correos… y hacía que todo fuese fácil, muy bien, la verdad.

Nos vino a buscar puntual como habíamos quedado, con una furgoneta de 9 plazas y un conductor también muy majo. Nos llevó a los templos y por el camino ya nos fue explicando cosillas.

La entrada a los templos cuesta 20$ un día o 40$ tres días, nosotros cogimos el pase de 3 aunque solo íbamos a ir dos días. Luego dentro te piden la entrada en la puerta de cada templo, la entrada lleva foto , pero te la hacen ellos en el momento.

Los templos de Angkor es una brutalidad de bonito, el lugar es enorme, nosotros nos movíamos de un templo a otro con el conductor y luego caminábamos por los templos, mucha gente se mueve en tuc tucs, o coges un tuc tuc para todo el día o vas haciendo viajes simples cada vez, quizás salga algo más barato, pero pierdes toda la explicación.

Fueron declarados patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1992 (cuando aquí estábamos con el éxtasis olímpico, jeje) y son una maravilla, comparable al Machu Pichu o Petra, una pasada. Estos templos han estado abandonados durante siglos y es impresionante ver como la naturaleza ha penetrado en ellos, la fuerza de la naturaleza es insospechada, como un árbol o sus raíces son capaces de tirar edificios de piedras macizas. El más famoso en Angkor wat, el único que nunca fue abandonado y por tanto el que mejor se conserva, es además la imagen más famosa del conjunto, aunque para mí no la más bonita. También es alucinante cuando te explican que en la zona habían vivido cerca de un millón de personas, y por causas no esclarecidas, se abandonó y nadie volvió a hablar de ello hasta que los franceses lo descubrieron (para occidente, porque los monjes llevaban siglos cuidando Angkor wat), se atribuye el descubrimiento (europeo, claro) a Henri Mouhot en 1860.

Os dejo un mix de fotos de los templos, porque como me ponga a explicarlos, me dejáis de leer por brasas, jeje.

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Son Pal nos llevó el segundo día a ver el amanecer, así que quedamos con ella a las 5 de la mañana (yo que hasta las 11 no soy persona), bonito, pero no es que se vea el sol salir mientras amanece, como en el mar o en la montaña, amanece y luego se ve salir el sol entre los árboles (dijo Son Pal que dos veces al año se ve salir entre las torres, no fue ese día, jeje).

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Os presento a Son Pal, si vais por los templos y os la encontráis, saludadla de nuestra parte, y preguntarle qué tal fue la boda de 400 personas en su jardín, jeje.

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Foto obligatoria si vas a Angkor:

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No es lo que parece:

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Luego fuimos a un pueblo flotante que nos habían recomendado, a unos 15 km de Siam Reap, no nos gustó muchísimo, la verdad, cogimos un barquito en el lago (que es enorme, te sientes en el mar) y luego pasamos por la calle del pueblo flotante, sin parar ni nada, solo paramos en un bar cutrecillo, donde el ambiente era de niños pidiendo montados en palanganas, peceras en muy malas condiciones y cocodrilos amontonados, decadente total.

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Y los cocodrilos, qué miedito!!!

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Siguiente parada Phnom Penh, la capital de Camboya, allí nos encontraremos con Jose, un amigo de Alberto.

Gracias a todos los que estáis leyéndome.

Muuuas


Bangkok

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Llegamos en avión desde Krabi, cogimos una mininan para los nueve por 1000 bath y nos fuimos hacia nuestro hostal, el Erawan House en Soi Rambuttri. Las calles en Bangkok son un jaleo, porque bajo el mismo nombre hay calle, callejón, callejilla, jejeje, un soi es un callejón. Rambuttri es la calle paralela a Khaosan road, la calle mochilera más famosa del mundo, donde hay tiendecillas, puestecillos de lo más variado (con bichos, para hacer falsificaciones de documentos…), los hoteles más baratos… es una locura. Mucha gente cree que el nombre proviene precisamente de “kaos”, pero nuestro súper taxista nos dijo que “ khaosan” es la semilla del arroz, y es por hace tiempo aquello eran arrozales también.

Como en Chiang Mai nos había entrado la fiebre del shopping y Alberto decía todo el rato que en Bangkok sería más barato… queríamos ir de compras el primer día a una torre, la torre Bobae, donde se supone que compran los mayoristas, la cosa es que llegamos y estaba cerrado, así que Alberto propuso ir a un centro comercial, el MBK que también tenía un mercadillo dentro. Allí nos dividimos, y quedamos una hora después. Alberto que quería enviar su mochilón a España porque es demasiado grande, compró un TROLLEY, así que directo al infierno de los mochileros, jeje. Bueno, debo decir que es mochila-trolley, dos en uno y tenía muy buena pinta, ahora, días después está muy contento con su compra. También los nueve aprovechamos para buscar regalo para nuestro amigo invisible, porque como íbamos a pasar los reyes juntitos… A mí, que me he portado muy bien, me trajo la guía de lonely planet de China.

Al día siguiente empezó el turismo de verdad, fuimos a ver Wat Phra Kaew y el palacio real, lujo, ostentoso a tope. Nos hicieron taparnos, bueno, menos a Alberto y a mí, que somos más recataditos, jeje. Justo coincidió que empezaba una visita guiada gratis en inglés. Es el templo donde está el buda esmeralda (tiene el síndrome Monalisa, cuando lo ves no te lo esperabas tan pequeño), además tiene 3 trajes de oro, de verano, de invierno y para la estación lluviosa. Ahora tenía puesto el de la estación lluviosa (que ya ha pasado) y encima la capa de invierno. El conjunto monumental está compuesto por un montón de templos, ya que cada rey iba añadiendo un templo más, y tiene un mural de más 500 metros. También descubrí que los budas

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ninos en buda esmeralda

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Al salir cogimos un barquito los nueve por los canales de Bangkok, estuvo genial, porque vimos Bangkok de otra manera. Había un montón de casitas, bastante monas, con sus mini embarcaderos y sus porches sobre el río. El río parecía bastante sucio, la verdad, pero vimos niños nadando y muchísimos lagartos enormes en las casas, casi parecían cocodrilos. Luego el barco nos dejó en Wat Pho, famosísimo por los masajes y porque es el templo más antiguo de Bangkok.

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Wat Pho también es famoso porque tiene un buda de 46 metros de largo y 15 de alto, impresionante, recubierto de oro. la planta de los pies sin embargo, es de madreperla. Después de visitar el palacio fuimos a darnos un masajito, la verdad que era un poco diferente a otros, yo me di media hora de thai y luego media hora de pies, pero la media de thai no me supo a nada, así que ahora en la vuelta a Bangkok es fácil que repita, jeje.

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Por la noche, en una terracita de nuestra calle, nos dimos los amigos invisibles, todos habíamos sido buenos, buenos.

Al día siguiente cogimos un tuc tuc y fuimos a Wat Arun, otro templo muy importante, este es un templo diferente porque no es tan dorado, este tenía más cerámica, se veía más austero. Tenía unas escaleras empinadísimas, madre mía, casi era como subir por una pared, jeje. Al salir encontramos a Palomares y a Sagra haciéndose una foto vestidos de tailandeses guerrero y bailarina, creo, así que Alberto y yo también nos la hicimos, jeje.

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Desde aquí fuimos a ver el Buda de oro macizo en Wat Traimit, de 3 metros de alto y 5,5 toneladas de peso, en fin, que no tenían dinero. De hecho a mí es una de las cosas que más me ha llamado la atención de los templos budistas, lo explícito que es el tema del dinero, a ver, que sé que en los templos católicos también hay, pero aquí en un templo tenían cosas doradas colgando con billetes, todo el techo, jeje.

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Luego fuimos a ver el parque Lumpini y el estadio de muay thai (el boxeo tailandés), allí había tiendas con cosas de muay thai y por fin le pude comprar una camiseta mona a mi uri, porque hasta entonces las camisetas relacionadas con el tema eran de un hortera…

 

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Desde allí teníamos que volver para el hotel por Bea, Huete, Sagra y Palomares se iban esa noche, y aquí empezó el show. Había un atasco que no veas y no había taxis disponibles, estábamos lejísimos, así que creímos que la única opción era coger unas motos. El primer motorista dijo que 60 bath por una persona y 100 la pareja. Bea y Huete montaron en una, Palomares y Sagra en otra, yo monté en otra sola y todavía quedaban los demás por coger moto. Mi motorista, no tenía ni idea de donde iba, así que después de un rato, paró a preguntar a otros, cuando dije que iba a la zona de Khaosan, me pidieron más dinero, yo como sabía lo que le habían pedido al resto, pensaba que me estaban timando, pero bueno, pensé que podía pagar 100, de hecho no sabía si tenía más. La cosa es que yo no lo entendí, pero a él no le pareció bien y me dio una vuelta que te mueres para volverme a dejar en el mismísimo sitio donde había cogido la moto, súper colgada. Solo tenía 120 bath, así que paré a la siguiente moto, al hombre le parecía poco, me intentaba negociar, pero yo solo tenía eso, en fin, al final me cogió. Empezó un viaje absurdo, por lo largo, porque iba pitando sin parar, porque no tenía ni idea de dónde me estaba llevando, y no tenía ni más dinero, ni teléfono, ni mapa. Pensé que no me daría tiempo a despedirme de los que se iban, pero que menos mal que me había pasado a mí (eso esperaba) que no tenía que coger el avión. Después del viaje absurdo, descubrir que el hombre no sabía llegar, y que iba preguntando a todo el mundo y pitando, claro, al final llegamos a soi rambuttri, me fui rápido para el hotel y vi a Palomares, solo le pregunté: ¿ya está todo el mundo? y me dijo que no, que ellos eran los primeros y que acababan de llegar, que a su motorista tampoco sabía donde era, que los había intentado bajar y ellos no se habían bajado y que conducía como un loco. Pero, ¿dónde estaban Bea y Huete? Solo recordábamos que no tenían dinero y alguien les había prestado para la moto, pero ahora sabíamos que ese trayecto valía más.

Entonces llegaron los que yo había dejado en tierra, Mar, David, Eli y Alberto, que al final habían seguido caminando y encontraron un taxi, pero Bea y Huete no llegaban. Alberto puso a cargar el móvil (sí, los dos íbamos sin batería…) y llamó, menos mal que ya estaban abajo.

Bueno, yo creo que era la última aventura antes de irse, no? Habían montado en taxi, furgo cutre en bancos detrás, furgo pija de 12 plazas, tuc tuc cutre de Koh Lanta con una especie de sidecar, tuc tuc más apañado de Bangkok, así que faltaba la moto, jeje. El problema es que son conductores analfabetos que aunque les enseñes la tarjeta del hotel, no saben llegar, pero bueno, happing ending, que es lo que importa.

Los cinco que quedamos, hicimos noche tranquila porque al días siguiente cogíamos el autobús a Siam Reap (Camboya) a ver los templos de Angkor. La aventura no se había terminado…


Krabi

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Después de Koh Lanta, nos fuimos los nueve para Krabi, es el nombre de una provincia costera del sur, en frente de las islas más famosas, también da nombre a una ciudad, pero en Krabi town no estuvimos, aunque Alberto y yo puede que todavía pasemos por allí.

El lugar más famoso de la playa de Krabi es Ao Nang, nosotros estábamos en el Pine Bungalow a pocos kilómetros, pero de lo más tranquilo y a gusto, eran también bungalows, pero estos me gustaron más, primera línea de playita y a vivir la vida, en la playa de Klon Muang, no muy lejos del Sheraton.

Era playita buena durante el día y conforme se acercaba el atardecer se convertía en piedras y más piedras, porque la marea sube y baja muchísimo, tanto que un día fuimos a tomar algo al Sheraton caminando por la orilla de la playa y tuvimos que saltar un riachuelo de menos de medio metro de ancho y a la vuelta, tuvimos que irnos hacia el interior buscando un puente porque se había convertido en un río como el Júcar, una pasada.

Desde la zona de Krabi se hacen muchas excursiones chulis en barquito, nosotros cogimos la de las cuatro islas, asegurándonos que íbamos a ver también Phra Nang, donde hay una cueva preciosa, en Railay, yo había visto mil fotos en el facebook de la Bioguía, y es muy chuli, pero en las fotos nunca sale nadie y había bastante gente, snif snif.

Una tarde fuimos a Ao Nang a dar una vuelta, un masaje, cenar, tomar algo… Alberto ya había estado y no le había gustado mucho, la verdad es que es uno de esos sitios con poco encanto, casi que prefiero Lloret (sin ironía), fuimos a cenar algo, en plan guiri, pero bien, no me quejo, y luego Alberto nos llevó a la calle de la fiesta, donde están todas las Bargirls, él escribió un post sobre esto en su blog, y a mí me explicó que no entendía muy bien si eran prostitutas o no.

En fin, nada más llegar a Bangkok cogimos un taxi y el taxista, un tipo rockero genial y que hablaba inglés, nos dio la clave del tema de las Bargirls. Alberto no entendía por qué con algunos chicos se iban gratis, qué ganaban, porque él veía que sus amigos se habían ido con estas chicas y luego no les habían pedido dinero.

El taxista dijo que ellas en realidad buscaban un marido occidental, son TODAS de la misma zona, de Isán, la región más pobre, y ven en el blanquito, su posibilidad de prosperar. En fin, para mí prostitución total, muy triste, pero es verdad que ellas no lo sienten así, porque hablan de clientes, pero los presentan en casa, y tú entras a un bar y se ponen a jugar contigo al dominó para entretenerte, aunque seas una chica, es raro. Y ves a un montón de hombres mayores con jovencitas tailandesas monas y también a muchos chicos que en su país seguramente no consumirían esos servicios, pero que aquí como es prostitución más encubierta, se van con estas chicas, se deben imaginar de que va el tema, pero prefieren no pensarlo, supongo.

Os dejo algunas fotitos de los dos días en Krabi,

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A ver si mañana os escribo el post de Bangkok y por fin llego a Camboya, que es donde estoy ahora en realidad, jeje, luego iré escribiendo post conforme pasen cositas o cambiemos de lugar, este es un diario de viaje total, jeje.


Koh Lanta

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Para pasar fin de año con los amigos, creímos que lo mejor era ir a una isla del sur, elegimos Koh Lanta, porque habíamos oído que era muy bonita y luego queríamos ir a la zona de Krabi, era perfecto.

Volamos de Chiang Mai a Hat Yai, una furgoneta que habíamos reservado nos llevó hasta nuestros bungalows en Koh Lanta, el viaje en furgo de unas 5 horas fue tremendo. Resulta que aunque la carretera sea de dos carriles y en principio esté bien conservada y pintada y tal, aquí hay un tercer carril central invisible que solo los tailandeses ven. Nuestro conductor iba a mil por hora, adelantando a todo el mundo aunque viniesen coches de frente, además, había momentos en los que cruzabas a la vez a un coche, un tuc tuc, una moto… Locura, pero llegamos sanos y salvos, que es lo importante. Y nadie le pitaba, o sea que todos los coches se retiraban como si fuese lo más normal del mundo, y es que aquí debía serlo.

Los bungalows de bambú y tal eran monos, pero en general el sitio no nos gustó mucho, no cuidaban nada los detalles, la verdad. Eran los bungalow del Lanta Marina, el restaurante da a la playita y la zona se paga, nos costó más del doble que ningún otro alojamiento, quizás por eso, esperábamos algo más, la verdad, pero bueno.

A Koh Lanta llegaban el mismo día unos amigos míos de Ciudad Real que se unían al viaje, Mar y David, ellos volaban a Krabi, como nuestros bungalows estaban llenos, yo les había reservado unos bungalows al lado en el Happy Hill, luego ellos vieron que la segunda noche ya había sitio en el nuestro y reservaron una noche con nosotros. Bueno, eso creíamos, porque aquí empezó una aventura total. Alberto nos explicó que Koh Lanta está compuesta por más islas, y que hay ferrys entre ellas, todas se llaman Koh Lanta, parece, pero con algún sobrenombre más. Y poco después por curiosidad miró donde estaban los bungalows de Mar y David y me dijo, te has equivocado, están como a 15 km, en otra isla. Yo pensé que me había equivocado en booking, porque me había parecido que estaba al lado. Mar y David llegaron, y me escribieron que sus bungalows estaban super lejos de los nuestros. Así que cogieron un tuc tuc de la muerte como 20km, que se caía a trozos, lo pasaron mal, porque el tuc tuc es para recorridos más cortos y el suyo además estaba fatal. Y cuando llegaron y dijeron que los fueramos a buscar a la puerta, no nos encontrábamos, nos costó darnos cuenta de que estaban en otro hotel, que se llamaba Lanta Marine y no Marina, en fin. Un disgusto porque parecía que se iban a tomar las uvas solos, después de haber dejado a la familia y todo, seguían estando super lejos. Así que decidieron volverse para el hotel y mañana sería otro día. Nosotros les habíamos pedido la ubicación porque google maps va muy mal en Tailandia en general, así que cuando llegaron al hotel la mandaron, y estaban a 800 metros, así que Alberto y yo fuimos en tuc tuc corriendo a buscarlos para que llegasen a tomar las no uvas con nosotros, así que otro final feliz, jeje (ahora entiendo lo del happy ending tailandés y no tiene que ver con los masajes, jeje).

Cenamos no como habíamos imaginado, con todo el follón, en el hotel, pero nos pusieron una mesa guay en la arena de la playa, primera línea y empezó mucha gente a tirar farolillos, nosotros no podíamos ser menos.

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No tuvimos fiestón, más bien chill out total.

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Al día siguiente, cogimos un barquito, un long tail boat y nos llevó a ver unas islas, hicimos un poco de snorkel, en la primera parada, picaba todo y el agua estaba un poco turbia, pero en la segunda, genial. El mejor momento fue cuando Alberto se puso a hablar con los dos chicos que llevaban el bote, que no hablaban inglés y entendió que nos estaban ofreciendo cangrejos a 200 Bath, Alberto nos preguntó y todos dijimos que sí, menos Eli, eso extrañó a los chicos, pero bueno. Acto seguido, nos dieron unos chalecos salvavidas y Bea, que estaba asustada se fijó que hasta él se lo ponía, cuando en todo el día no lo habíamos usado, así que creímos que nos llevaban a pescar los cangrejos, jejeje. Al final llegamos a un sitio super chulo, a una isla preciosa a la que se accedía por el agua, por una cueva y dentro tenía una playa de película, maravillosa. Se llama morakot, pero se conoce por la isla esmeralda, así que imaginad el agua de aquella playa.

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Ese día además acabó con la cenita de año nuevo, que sí que fue en un hotelito precioso también oyendo las olas del mar, cenamos un pescadito y super a gusto.

Al día siguiente nos íbamos para Krabi, dos días más de playita, una maravilla.